Julio de 1998

Un largo pasillo oscuro. Oscuro y polvoriento. No se da cuenta pero yo le quiero. Le quiero como quiero a mi gato, ya sabes, de un momento a otro podría convertirse en odio.

Algún momento de 2009

Se tiene la tendencia de creer que todo el mundo va al ritmo de uno mismo. Después, una noche quedas para cenar y comentas cuatro cosas, que si has visto por fin Quadrophenia, que últimamente estas oyendo a Tool y Putilatex, que has pensado sobre la idea de que si los humanos creamos una cuchara, algo sencillo, quien ha creado las plantas, algo bastante más complejo, debe ser mucho más listo. Que qué tal si después nos bebemos unas cervezas en algún sitio remoto y solitario porque hay luna llena, cuando empiezas a notar que se ha ido creando una burbuja a tu alrededor y estas solo con tu ensalada camembert, que de fondo se oye un murmullo lejano que versa sobre el trabajo, la crisis y Colega, dónde esta mi coche. Así que se decide que tras la cena iremos al cine a ver Colega, dónde esta mi coche 2 y tu dices “yo paso, me voy a casa” y nadie insiste para que te quedes. Así que te vuelves al coche, que está muy lejos en un lugar oscuro y solitario hasta donde nadie te acompaña, pues lo que desean es que te secuestren y desaparezcas para después salir en programas de la tele con tu foto, lloriqueando, diciendo cuan amigos tuyos eran y que por favor quien sea que te tenga capturada -porque ellos saben perfectamente que tu no te irias por voluntad propia- te suelte ya. Vas pensando todo eso mientras te dirijes al coche y también piensas que, joder, ojalá te secuestren o mejor aún, piensas que deberías irte por tu propia voluntad y desaparecer de una vez. De modo que arrancas, pones música y te dispones a desaparecer aunque lo máximo que haces es dar vueltas durante un par de horas por la ciudad hasta que te das cuenta de que estas volviendo a casa como si todos los caminos llevaran allí irremediablemente. Subes a casa, te sientas con una cerveza en la mano y sin sueño y piensas que beber solo es un límite que nunca pensabas llegar a cruzar, pero ahí estas durmiendote en el sofa con varias latas espachurradas a tus pies.

20/08/2007

Tengo varias ideas para contar. También tengo varias ideas para mí misma, para la vida: una es no beber coca-cola jamás, porque son las 5 de la mañana, me tengo que levantar a las 7, he andado kilómetros y soy incapaz de dormir. Otra es dejar de beber. Otra es dejar de fumar. Otra es dejar de querer. Abandonar vicios estúpidos.

El Comienzo

17/12/1995

“Querido Diario:

Hoy voy a empezar a escribir, porque quiero que estos días queden grabados para siempre. A ver si puedo seguirlo.

Para empezar, a mi me gusta un niño que se llama Jacinto. Lo conocí hace tiempo, ahora no recuerdo el día. La historia fue esta: yo iba a cambiarme de clase, ya era el último día y yo en el recreo, estaba arreglando todo el papeleo…”

Esta soy yo con 14 años y este es el nivel. No, no fue a mejor. Pero sigo haciendo la “y” de esa forma tan cuca.

Ya apuntaba maneras con esa forma de escribir en especie de haikus desesperantes, tan característicos míos. Tan voy a comerme el mundo amigos con mi destreza narrativa.

Por desgracia esos días sí quedaron grabados para siempre, pero necesidad de ello no había ninguna, viéndolo ahora 23 años después.

Jacinto era un especímen bueno, el loser de tercero de la ESO, ahí debí haber empezado a vislumbrar la clase de mala pipa que iba a tener para elegir hombres, pero en aquel momento el futuro era brillante y Jacinto – Jacinto, ¿vale? – un muchacho apuesto y marginado. La magia estaba en el aire.

La caja

Hace unos 3 años vivía con mi chico y nos separamos. Esto aquí descrito en una simple frase, ocasionó un poderoso tsunami en mi vida, cuyas consecuencias aún colean. Una de ellas fue mudarme de vuelta a casa de mis padres. Una vez allí, tuve que meter gran parte mis cosas en el trastero ya que apenas cabíamos, de manera que en ese espacio se amontonaron cosas como una elíptica, cientos de tapers, gran parte de mi autoestima y varias cajas con diversidad de contenido: gilipolleces.

El otro día me asomé por el cuarto de las ratas – así llama mi madre a ese lugar inhóspito donde se acumula el pasado y mis trastos – a buscar otra cosa, pero de pronto, me encontré con La Caja.

He querido ser escritora desde que era pequeña aunque nunca me he puesto a escribir nada serio. Por el contrario, me he dedicado a ir apuntando en una serie de libretas todas las ideas, argumentos, pinceladas, diálogos, notas mentales y lamentos que se me iban ocurriendo, documentando diferentes épocas de mi vida con la firme idea en la cabeza de que algún día, de un futuro no muy lejano, todo aquello se convertiría en Best Seller.

Eso no ha pasado. Por una sencilla razón: soy muy mala. Soy malísima.

El contenido de La Caja eran todas aquellas libretas y no pude evitar ponerme a ojear algunas, allí sentada, entre los cachivaches que un día componían mi vida y acabé echando una tarde más entretenida que unas palomitas y un maratón de Netflix.

Vaya descojone.

La primera datación consta de 1995 y la última de 2013. Entre medio, una serie de desvaríos, ideas revolucionarias, declaraciones de intenciones, anotaciones para futuras novelas de éxito mundial y bucles horripilantes de letanías que, de alguna manera, han de ver la luz. Mi Obra Magna. Eso no puede estar en un trastero, la Humanidad la necesita. Necesita a mi Yo del Pasado, a ese al que te dan ganas de cogerle por las solapas y pegarle dos tortazos. Tú también tienes un Yo del Pasado. Dios, qué pesado es el mío. Ya veréis.

Así que, comenzamos.

PD: En este Post he repetido “me” 5 veces. “caja” 3 veces y “cosa” otras 3 si no más. He aquí un claro ejemplo del por qué mi sueño de convertirme en la nueva Stephen King se diluyó bastante. Una vez una profesora de un taller de escritura – que firmaba como C. – me dijo que mi relato la había puesto nerviosa porque repetía “cosa” una y otra vez. Pero es que “cosa” es una de mis palabras favoritas. Y como esto va de “otra cosa”, sólo te digo una “cosa”:
Chúpate esa Cepunto.