El Comienzo

17/12/1995

“Querido Diario:

Hoy voy a empezar a escribir, porque quiero que estos días queden grabados para siempre. A ver si puedo seguirlo.

Para empezar, a mi me gusta un niño que se llama Jacinto. Lo conocí hace tiempo, ahora no recuerdo el día. La historia fue esta: yo iba a cambiarme de clase, ya era el último día y yo en el recreo, estaba arreglando todo el papeleo…”

Esta soy yo con 14 años y este es el nivel. No, no fue a mejor. Pero sigo haciendo la “y” de esa forma tan cuca.

Ya apuntaba maneras con esa forma de escribir en especie de haikus desesperantes, tan característicos míos. Tan voy a comerme el mundo amigos con mi destreza narrativa.

Por desgracia esos días sí quedaron grabados para siempre, pero necesidad de ello no había ninguna, viéndolo ahora 23 años después.

Jacinto era un especímen bueno, el loser de tercero de la ESO, ahí debí haber empezado a vislumbrar la clase de mala pipa que iba a tener para elegir hombres, pero en aquel momento el futuro era brillante y Jacinto – Jacinto, ¿vale? – un muchacho apuesto y marginado. La magia estaba en el aire.

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